Diario de viaje

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Cuando llegamos a Penang, en Malasia, descubrimos que no era un lugar tan barato como nos habían dicho. De hecho, el precio del alojamiento era similar al de la isla de Ko Phangan y el sitio no tenía punto de comparación. Penang es una ciudad bastante aburrida, calurosa y en la que llueve a cántaros todas las tardes, sin excepción. Tampoco es que nos importara demasiado porque íbamos a trabajar, pero parece que se hace menos pesado trabajar en una isla paradisíaca. La única ventaja que teníamos allí es que en el hotel nos dejaron utilizar uno de sus ordenadores, por lo que aprovechamos bien el tiempo que estuvimos allí ¡quince días!

¿Que no nos iba a impresionar? ¿Que igual no valía la pena? ¡Seremos ingenuos! Nunca en nuestra vida habíamos visto unas playas tan impresionantes.
El agua, totalmente transparente: con el agua hasta el cuello aún puedes verte los pies y los peces que nadan a tu alrededor. No hacen falta gafas de bucear, desde la superficie se ven las rocas, las algas, y peces de diferentes formas, colores y tamaños, así que cuando te pones las gafas, ya es como si estuvieras dentro de una pecera tropical.

La Full Moon Party es una fiesta que se celebra en la zona de Hat Rin, en el sureste de la isla y en una de las playas más bonitas de la misma. Empezó hace unos 5 años como una pequeña reunión de amigos en la playa para divertirse bajo la luna llena. Aquella fiesta debió salir bien y luna tras luna iba reuniendo a más y más gente, hasta convertirse en la desenfrenada fiesta que es hoy en día.

Varanasi es una de las ciudades más antiguas de India. Situada a orillas del Ganges, es un importante centro de turismo y peregrinación. Pero a menos de media hora de allí, en una zona residencial, muchas familias sin recursos viven en rudimentarias chabolas rodeadas de basura. Conductores de rickshaw, recogedores de plástico, amas de casa y niños, muchos niños, sobreviven aquí. Niños analfabetos recogedores de basura, hijos de padres en las mismas condiciones. Una situación abrumadora que no dejó indiferente a María, fundadora de la ONG Semilla para el Cambio. Un viaje la trajo aquí y las ganas de ayudar le hicieron quedarse.

Tan solo nos quedan dos días en la India antes de volar a Tailandia. Llevamos casi tres meses de viaje, 90 días de sueño realizado. Creo que es un buen momento para recapitular, para hablar de sentimientos, de sensaciones, de lo que estamos viviendo.

La pobreza es mala, sí, pero la miseria es inaceptable. Una persona que vive en la miseria no tiene la posibilidad de vivir, está muy ocupada en sobrevivir. Sus hijos, no es ya que no tengan las mismas oportunidades que que los hijos de la clase media o alta, no. Es que no tienen la más mínima oportunidad. Están condenados a repetir la vida de sus padres. Nunca irán a la escuela y nunca sabrán que su vida podría haber sido diferente, que hay alternativas. Nadie, jamás, debería tener como único objetivo en la vida el sobrevivir.

Puede que una de las situaciones más dramáticas que se pueden ver en la India sea la de los slums, concentraciones de chabolas donde se encuentran familias que que viven por debajo del umbral de la pobreza. Recogedores de basura, limpiabotas, conductores de rickshaw... son sus habitantes.
A pesar de que sabíamos que sería duro, los dos queríamos conocer esa realidad de cerca. Sin esto, nuestra idea de la India habría estado incompleta, y nuestro proyecto también. Porque, por supuesto, en los slums viven muchos niños, la inmensa mayoría de los cuales no van a la escuela.

Los largos trayectos que tenemos que realizar para desplazarnos de un lugar a otro en este enorme país que es India a veces pueden resultar agotadores. Sin embargo también pueden convertirse en un placer.
Doce horas de tren nocturno separan Agra de Varanasi. Subimos al tren, que llega puntual, y encontramos rápidamente el vagón y las literas que nos corresponden. Nos acomodamos y, unos minutos después, el tren se pone en marcha.

Había oído hablar tanto del Taj Mahal que tenía miedo de que me decepcionara. Es uno de los pocos monumentos que, desde pequeña, me llamaron la atención y deseaba poder visitar algún día. En parte por su belleza, y en parte por la historia de amor que tiene detrás. Un monumento erigido para mostrar al mundo el amor que Shah Jahan sintió por Mumtaz Mahal le da un valor añadido. Aunque, como dice Javi, hay demostraciones de amor mucho más valiosas, no podemos negar que es una historia bonita.

En realidad no teníamos previsto volver a New Delhi, pero decidimos hacerlo para grabar la entrevista y recoger los datos que necesitábamos acerca del proyecto de Sonu con los niños de la calle y las mujeres. Además, había empezado a ir a sus clases una niña con algún tipo de deficiencia, no sabía cuál, y me pedía ayuda. Sin embargo, cuando llegamos nos encontramos con que Sonu estaba muy ocupada preparando una celebración religiosa y una comida familiar que tenían los próximos días y no tenía tiempo de hablar con nosotros.